BSAS / Notas, Debate y Formación
“Hoy es la etapa de pasar de la fragmentación y la diversidad a la unidad de acción”
18/10 Panel “Proyecto nacional y popular, aportes conceptuales”, a cargo de Daniel Ezcurra - Coordinador de la Cátedras Populares del MDS.
Una responsabilidad y un orgullo porque es un programa de este Ministerio que significa un montón de cosas para los que venimos de la militancia política y social que hoy el Estado esté marcando iniciativas como esta que enaltecen la función pública a partir del cruce entre las políticas públicas y la militancia concreta de los mejores compañeros y las mejores compañeras que tenemos en el territorio.
A mi me toca continuar un poco con el eje que Eugenio planteaba, son cuatro o cinco puntos que entiendo que van a trabajar a la tarde en las comisiones.
Más o menos ordené lo que venimos recogiendo en los debates en todo el país con las Cátedras Populares en torno a ejes fundamentales que nos parece que tienen que ver con de dónde venimos antes de encontrarnos con esta oportunidad maravillosa, histórica, de poder transitar la construcción de un proyecto nacional y popular, qué significo la crisis del 2001-2003, qué significaron las cambios producidos del 2003 hasta acá y en que situación nos encontramos hoy.
Son cuatro ejes que voy a tratar de articular para poder dejar algunas reflexiones que son compartidas, que son la síntesis de experiencias colectivas en todo el país y que espero sirvan para enriquecer un poco el debate que vamos a tener después en la jornada siguiente.
Cuatro ejes para la discusión
¿DE QUÉ PAÍS VENIMOS?
En el recorrido de Cátedras hemos sintetizado en este primer gran punto que nos parece importante reflexionar que es: de qué país venimos, de qué experiencia, de qué proyecto de país venimos por más de 30, 35 años que significó eso que nosotros llamamos modelo neoliberal. Nosotros nos pusimos a sistematizar, a sintetizar cuatro elementos que nos parecían fundamentales para pensar ese país del que venimos, donde nos tocó ser protagonistas desde un lugar muy distinto al que estamos hoy. Todos nosotros fuimos sujetos activos de este proyecto de país enfrentándolo en un proceso de resistencia. Entonces, cuando discutíamos con los compañeros y compañeras veíamos que Argentina a partir de la mitad del siglo XX, a partir de la experiencia concreta del Peronismo construyó un imaginario social. Un imaginario social que se hizo carne en las mayorías populares, que fue parte del traslado de su memoria histórica y que fue parte de esa mochila invisible que uno tiene en la espalda, con la cual encara la vida cada vez que se levanta a la mañana.
Ese imaginario tenía un norte. Los sociólogos lo llaman movilidad social ascendente, nosotros en el barrio decimos que nuestros hijos siempre iban a tener la posibilidad de estar mejor que nosotros. A través del trabajo, del esfuerzo personal, uno podía garantizar que a través del trabajo los hijos nuestros iban a tener más posibilidades que nosotros.
La otra vez charlábamos con los cumpas en La Matanza y nos contaban como había sido ese proceso a partir de la década del 40: primero la toma de terrenos, después la lucha por establecer el barrio, la lucha por la tenencia de la tierra. Pasar de las casas precarias a los cimientos, de los cimientos construir la casa de material y a partir de ahí edificar la vida, eso es lo que los sociólogos llaman movilidad social ascendente.
El corazón de esa posibilidad, el corazón de esa memoria histórica, de esa experiencia del pueblo argentino, estaba vinculado al trabajo, que era la columna vertebral de un proyecto de país.
El neoliberalismo quiebra esa identidad y quiebra ese imaginario, se pierde la certeza de que nuestros hijos iban a estar mejor que nosotros. Se pierden y se entierra de alguna manera o se intenta enterrar banderas históricas que significaban anhelos colectivos del pueblo argentino.
Más allá de las identidades de cada uno de ustedes, en las tres banderas históricas de justicia social, soberanía política e independencia económica estaba expresado un cúmulo de luchas y experiencias concretas de nuestra gente y de nuestro pueblo que expresaban esa movilidad social ascendente, esa memoria histórica, esa experiencia de lucha.
A partir de la dictadura del terror del 76, de la noche negra que sufrimos las argentinas y los argentinos ese imaginario se cortó. Intentó ser cortado por las clases dominantes y en buena medida, a través del terror dictatorial primero, después el mazazo que significó para las esperanzas populares en la década del 90 que la identidad mayoritaria de nuestro pueblo sea la que introdujo el neoliberalismo en nuestro país, la que terminó de concretar el neoliberalismo en nuestro país, ese imaginario pareció que había sido borrado. Ese es el primer elemento que queríamos rescatar.
EL ESTADO
El segundo elemento tiene que ver con cual fue la herramienta privilegiada de los sectores dominantes para dar vuelta la sociedad como una media, para reformatearla, para intentar terminar con la acumulación que significaban tantas conquistas para el campo del pueblo. Sintetizábamos con los compañeros que esa herramienta privilegiada fue el Estado. Las clases dominantes lo habían intentado antes del 76 pero la resistencia popular no se los permitió. A partir del 76 se hacen de la herramienta del Estado a través de la violencia militar y a partir de ahí intentan, buscan y en una buena manera consiguen reformatear la sociedad argentina.
Desde el Estado salió la misma violencia militar, desde el Estado se extranjerizó la economía argentina, desde el Estado se generaron las leyes de apertura económica que significaron la devastación de la industria nacional, desde el Estado en la década de los 80 se intentó garantizar la impunidad de los militares asesinos, desde el Estado en la década del 90 se privatizó, se extranjerizó, se cambiaron las leyes laborales y desde el Estado se tomó ese cáncer que inundó la economía del país que fue la deuda externa.
El Estado estuvo en el corazón de cada una de las medidas regresivas que las clases dominantes utilizaron para desandar 40 años de experiencia y de luchas populares en este país.
Entonces, el segundo elemento era ese: el Estado fue la herramienta privilegiada de las clases dominantes para reconvertir al país según su imagen y semejanza.
REGLAS DEL MERCADO VS. LA POLÍTICA
El tercer elemento, que es una de las herencias de ese neoliberalismo que empezamos a desandar a partir del 2001-2003 es la naturalización de las leyes del mercado ¿qué miércoles quiere decir esto? Bueno, que ya no era la política el elemento que nos hacía parte de una sociedad, y que nos daba un lugar social, que nos permitía a nosotros edificar el destino personal y el destino colectivo de la Nación. Ya no era la política la herramienta de transformación y de conformación de las relaciones sociales. Empezó a ser reemplazada la política por las reglas del mercado. Las reglas del mercado decían si vos te quedabas fuera de la sociedad o si vos pertenecías al mundo de los ganadores. Las reglas del mercado eran las que diseñaban si vos eras laburante y quedabas afuera o vos tenías la posibilidad de continuar con laburo bajo la flexibilización laboral. Las reglas del mercado eran las que daban los ganadores y perdedores de la sociedad. Entonces si las reglas del mercado hacían eso la política pasó la desbande, eran cosas que ya no se usaban más. Y esto tiene que ver con un fenómeno que es mundial que empezó a cristalizarse y empezó a consolidarse como esa época del pensamiento único, donde la historia se había acabado, donde el capitalismo neoliberal había llegado para quedarse para siempre, donde no había manera de confrontar con ese modelo de sociedad. Eso se cristalizaba en que las reglas del mercado eran las que daban el lugar social a cada uno de nosotros y si nosotros quedábamos afuera, bueno, era porque las reglas del mercado y porque en esa especie de darwinismo social (Darwin era un tipo del siglo XIX que decía, haciendo la evolución de las especies, que solo las especies más aptas sobrevivían y las demás no) los 90 y el neoliberalismo en su conjunto fue una especie de darwinismo pero social: los más aptos quedaban dentro del modelo y el resto, como nosotros, quedábamos en los márgenes, afuera, mirando con la ñata contra el vidrio como la sociedad pequeña, concentrada, como una minoría de la población se desarrollaba.
Ese es el tercer elemento: las reglas del mercado reemplazando a la política como el lugar donde se cocinaba, donde se cristalizaban las relaciones sociales entre los hombres y las mujeres.
VALORIZACIÓN FINANCIERA VS. VALORIZACIÓN PRODUCTIVA
Y recién el cuarto elemento que sintetizábamos tiene que ver con la economía. Nosotros sabemos que el corazón de ese proyecto que se inició en la década del 40 era el proyecto de la industrialización y del trabajo. El corazón de ese proyecto era el binomio crecimiento industrial-trabajo. Eso los economistas lo llaman un modelo de desarrollo bajo la valorización productiva, lo que daba valor a las cosas era la industrialización, el trabajo humano generando productos industriales, generando toda una estrategia de desarrollo en torno a ese binomio trabajo-producción.
A partir del año 76 eso en el mundo cambia y en nuestro país también. Se reemplazó esa valoración productiva por algo que los economistas llaman valorización financiera. Acá le dijimos la bicicleta financiera que no es más que otra cosa que el dinero puesto para hacer dinero. Ahí no entraba el trabajo de por medio. El dinero era el que producía dinero, y si el dinero era el que producía el dinero los trabajadores eran un bien accesorio y entonces uno puede ver una sincronía, como dos caras de una misma moneda, esta necesidad de la valorización pasarla de lo productivo a lo financiero y la otra cara de esa moneda fue la pérdida de centralidad y de poder de negociación del mundo del trabajo, de la clase obrera organizada. El achicamiento estructural de la clase obrera organizada que había sido el actor protagónico y central de las peleas por un país mejor que valga la pena ser vivido a partir de la década de los 40.
Síntetizando. Vuelvo y retomo los cuatro elementos que para nosotros sintetizan de alguna manera la herencia de lo neoliberal: Por un lado el intento de quebrar el imaginario social que decía que siempre nuestras generaciones a partir del trabajo, el esfuerzo y la participación social y política podían estar mejor que nosotros.
El segundo elemento: el Estado convirtiéndose en la herramienta privilegiada de las clases dominantes para reformatear hasta el corazón de la sociedad argentina.
El tercer elemento, a partir de ese cambio de las reglas del juego, las reglas del mercado reemplazando a la política como el elemento central que daba sentido a la cuestión social y que nos daba el lugar que a nosotros nos tocaba transitar en la sociedad.
Y el cuarto elemento en la economía le paso de la valorización productiva que hacía a los trabajadores el corazón de un proyecto de desarrollo a la valorización financiera a donde la deuda externa pasaba a ser el lubricante principal de ese modelo de desarrollo y los trabajadores empezaban a ser un bien accesorio, empezaba a achicarse el poder de la clase trabajadora y se producía la disgregación industrial del país.
Ese es el país del cual venimos, 35 años de esfuerzos, 35 años de lucha, 35 años de acumulación, nos costó conmover ese proyecto de país que nos condenaba a la exclusión y que nos llevo casi a las puertas de la desintegración nacional y social. 35 años de esfuerzo militante comprometido de los mejores hijos de este pueblo para conmover ese modelo de dominación.
NUESTRA OPORTUNIDAD
La oportunidad que hoy tenemos y que transitamos con alegría, de tener la posibilidad de discutir un proyecto de país, es hija directa de esos 35 años de esfuerzo. Y para nosotros es un blasón, es algo que debemos llevar en el corazón, en la mente y en el cuerpo porque somos herederos en esta oportunidad que tenemos como generación de todas aquellas luchas de compañeras y compañeros que dieron lo mejor de sí para remover ese proyecto de oprobio que significó el neoliberalismo en nuestro país.
Las cosas no nacen de un repollo, nosotros bien lo sabemos, Reati decía que siempre a nosotros las cosas nos cuestan esfuerzo, 35 años de esfuerzo, de sangre, de sudor y de lágrimas es mucho para que nosotros no nos sintamos responsables de este momento que vivimos.
El segundo momento de reflexión que queríamos compartir con ustedes es encontrarle una vueltita, darle un orden a qué significó la crisis abierta en el 2001-2003 que nos dejó a la puerta de esta posibilidad histórica. Nosotros sabemos por haber sido actores de esa resistencia que a partir de la segunda mitad de la década de los 90 la resistencia popular engrosó sus músculos, se hizo cada vez más fuerte para resistir las medidas neoliberales y encontramos los niveles de acumulación para ir resistiendo y organizándonos como pueblo, para encontrar caminos que atajaran la ofensiva neoliberal.
UNA SEGUNDA REFLEXIÓN: ¿QUÉ SIGNIFICÓ LA CRISIS ABIERTA EN EL 2001-2003?
Ahora, esta es una parte de la historia. La otra parte de la historia es que como la sombra al cuerpo de ese periodo del crecimiento de la resistencia nosotros vamos a encontrar que la crisis internacional del capitalismo se va insertando en el modelo neoliberal en nuestro país generando contradicciones cada vez más fuertes, cada vez más grandes, entre los tipos, entre los grupos, entre los sectores que habían ganado durante muchos años con ese proyecto de país y que a partir de la crisis internacional ¿Se acuerdan los caipirinha, el tequila y todos los fenómenos esos de crisis financiera, donde en Bangkok se resfriaba un tenedor de bonos y acá caía 2% el laburo? Bueno, ese era el momento coincidente con la resistencia popular.
Aparece la crisis internacional, la crisis internacional produce brecha entre los ganadores del modelo. Cuando aparece la crisis todos empiezan a preguntarse y a agarrarse del sillón preguntándose si iban a poder sostener su tasa de ganancia.
El conjunto de las clases dominantes tenían claridad que nosotros éramos el lugar principal de donde ellos sacaban la tasa de ganancia. Ahora, cuando se produce la crisis internacional y aún con la exacción que nos sacaban a nosotros de nuestras energías y nuestros esfuerzos empiezan a discutir entre ellos quienes se quedan afuera del bloque de poder. Eso se cristalizó a partir de las 2000, 2001 en una disputas por un proyecto de país. Había que salir de alguna manera de la crisis del neoliberalismo. No todos los sectores de poder tenían la misma lectura de cómo salir.
Ustedes recordarán: el diario Clarín pedía con títulos catástrofes la devaluación de la economía ¿Se acuerdan? Y otro diario que nosotros no leíamos seguramente como el Ámbito Financiero o El Cronista Comercial perdían que la economía se dolarice. Detrás de estos diarios, de estos títulos catástrofes que ofrecían una salida a la crisis había sectores sociales que buscaban esa salida y que de alguna manera en la década de los 90 y desde el 76 habían permanecido en un mismo bloque. Cuando aparece la dolarización y la devaluación nosotros vamos a tener que ese bloque de poder de los 90 se parte en dos y algunos sectores piensan que la salida para defender sus intereses es dolarizar la economía y otros piensan que la salida para sus intereses es devaluar la moneda.
¿Qué sectores había detrás de cada uno? Es fácil: aquellos sectores que buscaban sacar del país las riquezas en moneda del mercado mundial, o sea en dólares, para volcarlas a sus casas matrices, a sus países de origen, querían la dolarización de la economía. Las privatizadas por ejemplo, que cobraban tarifas en dólares y sacaban en dólares las ganancias hacia sus casas de origen. Y el capital financiero internacional que nos metía préstamos a través del Estado fundamentalmente y que nos quería cobrar en divisas duras, en dólares o euros los préstamos, los intereses y todo lo que desde la dictadura militar hasta los gobiernos entreguistas le “debíamos” a esos capitales especulativos. Esos sectores mancaban la dolarización en Argentina.
¿Qué sectores sostenían la devaluación? Los sectores que querían devaluar la moneda para que sus productos sean competitivos en el mercado mundial. Esos sectores son los sectores industriales concentrados, creo que la UIA es su federación, y los sectores agrarios concentrados expresados por la Sociedad Rural. Esos sectores desgajados del poder buscan la devaluación.
Esa es la crisis que se precipitó en el 2001 y que se terminó de cristalizar el 19 y 20 de diciembre cuando la resistencia popular también entró en escena y se conmovieron los cimientos del país neoliberal.
Ya no había posibilidad de seguir gobernando el país como antes, se rompió el bloque de poder, la resistencia popular se articuló de alguna manera con los que querían la devaluación del país, las mediaciones políticas que construyó esa salida devaluadota fueron mucho más fuertes y potentes que las otras y nosotros construimos una salida para la crisis del neoliberalismo que conforma un nuevo bloque que reúne a los sectores industriales concentrados, que reúne a los sectores agrarios concentrados, y que nos reúne de alguna manera como socios menores a nosotros mismos. Ese bloque fue el que resolvió la crisis después del 2001, se empezó a cristalizar en el 2002 y empezó a caminar en el 2003.
El problema es que la historia, como ustedes lo saben muy bien, no la hacen los sectores económicos en una mesa de arena, la historia se hace a través de la política. Entonces, estos sectores económicos siempre necesitan actores económicos que impulsen en la sociedad sus proyectos, su forma de ver la vida, la economía, la sociedad, lo cultural.
Los sectores que sostenían la salida devaluatoria en medio de una crisis tremenda de la sociedad argentina no encontraron la manera de consolidar el mando natural de estos sectores concentrados, que es la expresión más cabal, si me permiten la palabra, de la burguesía concentrada en Argentina.
Eso tiene un nombre y apellido en una sola persona, el tipo más lúcido que expresaba a estos sectores concentrados se llamó Eduardo Duhalde, fue el tipo que juntó en el Consejo del Salario y la Producción a los partidos políticos, a la Iglesia, a la CGT, a los medios de comunicación, a la UIA, a la Sociedad Rural. Parecía que había concretado una salida con todo el país.
El problema es que estos sectores concentrados querían construir su proyecto de país de la misma manera, y tenían la misma política para todos aquellos que nos veníamos movilizando y que habíamos construido la resistencia popular.
En medio de la crisis tremenda de la sociedad argentina quisieron imponer su proyecto de país con la represión. El Puente Pueyrredón, Darío y Maxi, fue la respuesta movilizada del pueblo argentino y el límite concreto que esa figura política encontró para poder expresar en persona ese bloque de poder que pacientemente había hilvanado.
¿Entonces saben que? Duhalde se queda sin la posibilidad concreta de ser él el representante político del bloque que había construido. Entonces, como dijimos acá en el encuentro de Promotores de Buenos Aires ustedes recordarán el afichito que recorrió todo el país, donde estaba Duhalde sentado en una silla y tenía un Chirolita en la falda, ¿Se acuerdan? ¿Quién era el Chirolita? Néstor Carlos Kichner era el Chirolita.
La crisis política era tan grande en nuestro país que ese sector de poder que se había consolidado buscó una figura política a la que juzgaban menor, periférica, de una provincia de 200.000 habitantes, nada comparado con el conurbano bonaerense, que, como ese afiche lo decía, iba a ser manejado por los factores de poder para meter la devaluación en la medida que el capital concentrado en Argentina necesitaba.
Como les pasa a los aprendices de brujo que quieren sacar un florero y sacan un zapallo, Chirolita tenía ideas propias, tenía un proyecto de país propio, tenía una visión propia de cómo salir de la crisis y tenía una visión propia de cual era la argamasa que era necesario construir para salir del horror neoliberal e insertarnos en un proyecto nuevo, distinto, de desarrollo. Néstor Kirchner no tenía la visión que tenían esos sectores concentrados que decían “está bien, devaluemos, nosotros nos hacemos competitivos en el mercado mundial, empezamos a vender y a exportar como nunca después de 30 años , ahora, como decía su ministro de economía que después heredamos (Lavagna), hay que contener la demanda redistributiva. Contener la demanda redistributiva no es más ni menos que planes sociales, inversión social, la mínima indispensable para sostener la gobernabilidad. Convenciones colectivas para salarios, lo mínimo indispensable. Y además el mercado interno achicado porque en este país nosotros vendemos de alguna manera lo que consumimos, comemos lo que exportamos, entonces, si los negros comen se comen los saldos exportables, si los negros se comen el saldo exportable los grandes sectores comerciales ven achicadas sus ganancias. Ese era un proyecto de país, que es eso lo que aún hoy expresa el Duhaldismo en la compulsa por el proyecto de país.
LA LLEGADA DE KIRCHNER
Néstor Carlos Kirchner no estaba dispuesto a seguir esas recetas y esa estrategia y empezó a construir un proyecto de país donde el mercado interno, el trabajo y el crecimiento eran un solo espiral que va desde la demanda industrial, generar puestos de trabajo, ponerle guita en el bolsillo a los laburantes, que eso generara más demanda, que eso generara más industria, la necesidad de mayor crecimiento económico y así una espiral que nos sacara de la lógica de valorización financiera y nos trajera al proyecto de país que hoy vivimos.
El tercer elemento tiene que ver con que si la crisis se resolvió por esas cosas de la historia y no porque las clases dominantes lo pensaran así, se quedaron sin representación política en una de las crisis más importantes de nuestra historia y por ahí pasó la oportunidad del pueblo argentino, siempre pasa así en la historia, siempre pasa que hay algunas condiciones que permiten que lo acumulado durante mucho tiempo se pueda expresar a veces no de la manera que uno esperara, pero si aparece la posibilidad de quiebre con lo viejo y empezar a construir lo nuevo. La historia no viene como a nosotros nos gustaría a veces, la historia no viene como la imaginamos, la historia se construye con la sangre, con el sudor, con las lágrimas, con el barro de lo cotidiano y con los actores concretos que la sociedad brinda, no con los actores ideales que uno se imagina que le gustaría que actuaran, sino con los actores de carne y hueso de la sociedad.
Entonces, tomando los cuatro elementos centrales del neoliberalismo que habíamos planteado y tratando de ver la comparación con el proyecto que empezó en el 2003 y que aun hoy continua y que seguramente profundizaremos para adelante. Nosotros dijimos que la política había desaparecido y había sido reemplazada por las leyes del mercado: bueno, compañeros y compañeras volvió la política, volvió la política a ser el escenario de compulsa por un proyecto de país, volvimos a poner los caballos delante del carro y hoy la política dirige la economía y no al revés. Nosotros nos hemos pasado períodos de este proceso donde no sabíamos bien quien era el Ministro de Economía ¿por qué? Porque las decisiones económicas se toman desde el poder político y el poder político es el que garantiza el rumbo económico del país, no los mercados, no los gurús tecnocráticos de la economía y no los grupos concentrados. La política hoy dirige la economía, la política ha vuelto a ser el elemento fundamental que las mayorías populares tienen para discutir el proyecto de país.
Si la política es nuestro aliento para construir, la política nos brinda la oportunidad histórica de estar aquí juntos y de estar construyendo este sueño de muchas generaciones que hoy se va convirtiendo piedra sobre piedra en realidad. ¿Cuál es la herramienta que la política usa para reconvertir el horror neoliberal? Estamos usando la misma herramienta que ellos, estamos utilizando el Estado. El Estado es la herramienta fundamental que la política utiliza en este momento para construir un proyecto de país con inclusión, con industrialización, con crecimiento inclusivo. La política es el aliento, el Estado es la herramienta. Pero la herramienta no es nuestra herramienta, este Estado es el mismo que teníamos en los 90. Nosotros tenemos muchísima voluntad política para montarnos en este Estado y direccionarlo hacia los intereses populares. Pero tenemos que pensar que este no es nuestro Estado y que para profundizar el modelo de desarrollo seguramente tendremos que cambiar muchas cosas de este Estado.
EL ESTADO EN DISPUTA
¿Qué quiero decir con esto? El Estado está en disputa compañeros y compañeras, y las herramientas principales que son las políticas de estado, que son la columna vertebral de un proyecto de país también están en disputa. El Estado tiene capas geológicas como le escuché decir a algún compañero alguna vez, hay agentes y funcionarios que vienen de generaciones anteriores que a veces se conforman en una máquina de impedir, que a veces no entienden la direccionalidad política que le queremos dar al proceso. El Estado está en disputa, acá no hay nada regalado, no hay una política pública que nosotros la pensemos y se implemente naturalmente, la política… ¿para qué es? Para disputar el Estado. El Estado ¿para qué es? Para diseñar, participar y ejecutar las políticas públicas ¿Qué son las políticas públicas? El corazón y la columna vertebral de un proyecto de país. Ese es el horizonte de disputa que nosotros tenemos por delante. Si el Estado había sido la herramienta de las clases dominantes para meter el horror neoliberal nosotros utilizamos el Estado para buscar y reconvertir el país todos los días.
LA ECONOMÍA
El tercer elemento que tiene que ver con la economía. No empezamos con la economía , llegamos a la economía. Nosotros cambiamos trabajosamente, difícilmente, en un mundo que no va para ese lado, la valorización financiera por la valorización productiva. Hay tipos que no son de nuestra edad como Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, que dice que la crisis que apareció en el 2006, 2007 es de la misma profundidad que la de la década del 30, la crisis más importante del capitalismo a nivel mundial que ocurriera en el siglo XX. Hoy estamos viviendo una crisis de esa magnitud. Esa crisis para los sectores concentrados a nivel mundial tiene una salida. La salida es la que le proponen a países como Grecia, como Portugal, como Irlanda, ¿Saben cual es la salida? Más política de los 90, más neoliberalismo, más apertura de los mercados, más concesiones para el capital financiero. Eso es lo que los centros de poder plantean hoy como decálogo, como salida, como medidas para salir de la crisis económica.
¿QUÉ HACEMOS NOSOTROS?
¿Qué hacemos nosotros? Todo lo contrario y todo eso de todo lo contrario nos ha dado la posibilidad por primera vez en la historia argentina de transitar una crisis internacional de la magnitud que tenemos hoy donde el pueblo argentino no ha visto reducidas drásticamente sus condiciones de vida, no ha visto reducidos sus puestos de trabajo, no ha visto reducido su bienestar. Eso no es viento de cola, eso no es obra de la naturaleza, esas son decisiones políticas expresadas en el campo de la economía. Está el decálogo de la salida neoliberal para la crisis, nosotros agarramos el decálogo y hacemos todo lo contrario.
¿Para que hacemos todo esto? El viejo Mujica decía que estos son tiempos de crear nuevos mástiles para las viejas banderas. Nosotros hacemos todo esto para recuperar esa memoria histórica de las mejores experiencias históricas de este país.
Nosotros estamos haciendo todo esto para recuperar la movilidad social ascendente y ahí está una sola medida: la Asignación Universal nos ha convertido nuevamente en el país con menos indigencia de América Latina, una sola medida tomada desde el poder político.
Estamos haciendo lo que hacemos para recuperar lo mejor de nuestra memoria histórica, para trasvasar en este siglo XXI las banderas que son el legado colectivo del pueblo argentino: justicia social, soberanía política e independencia económica y hoy me parece, más que nunca hoy, agregarle la integración regional y la defensa irrestricta de todos los procesos populares en América Latina.
Ese es nuestro imaginario, esa es la posibilidad concreta que estamos transitando, todo lo que hacemos desde el Estado, desde la política, desde la economía, no es un fin en si mismo, es volver a construir el escenario de dignidad y felicidad del pueblo argentino. Y eso es remozar las viejas banderas históricas con nuevos contenidos, otras formas, pero sostener esa memoria histórica que nos da impulso, nos da identidad y nos da encarnadura como sujetos reales.
LOS PROMOTORES Y LA ORGANIZACIÓN POPULAR
Cuarto punto y último: ¿Qué tienen que ver los promotores con todo esto? Ustedes saben bien y yo comparto que muchísimo. No hay proyecto popular sin pueblo organizado, no hay profundización de un proyecto popular en el tiempo, no hay manera de contener las ansias de volver atrás la rueda de la historia como dijo Eugenio, sin pueblo organizado y movilizado. Entonces yo quiero brevemente con ustedes y les pido un poquito más de atención porque son síntesis no de ideas propias sino de síntesis colectivas que venimos laburando con los cumpas en todo el país.
Todos ustedes, la mayoría, salvo los muy viejos se generaron como militantes, se parieron como militantes a partir de la mitad de los 80. Algunos ni siquiera eso, en los 90. Muchos de ustedes y yo comparto esa experiencia generacional, nos hemos consolidado y hemos transitado la vida de la militancia social y política a mediado de los 80. Cada uno de nosotros en las organizaciones sociales y políticas construye mapas para leer la realidad y saber donde quiere ir. Esos mapas son construidos con el cuerpo, esos mapas son construidos con la experiencia concreta. ¿Qué dice la experiencia concreta de los militantes nacidos a partir de la segunda mitad de los 80 sobre cómo se construyen los mapas para ubicarse en la realidad social y política?
Yo me permito tomar cuatro elementos: el primero es para nosotros el Estado siempre fue un enemigo ¿o no? El Estado era el que nos sacaba nuestros derechos, el Estado era el que nos reprimía cuando nos organizábamos para pelear por nuestros derechos. Coincidiendo con la lógica neoliberal, nosotros nos formamos como militantes con el Estado como enemigo. Y esto es importante porque esto es una huella en nuestra experiencia personal. El Estado para nosotros hasta el ciclo abierto por el período 2001-2003 siempre fue un enemigo.
Segundo elemento: la política había desaparecido del horizonte de transformación. Los políticos y la política eran nada más que los garantes, los gestores de las lógicas concentradas del modelo neoliberal. Entonces, los que resistíamos, no encontrábamos la política como un lugar atractivo para expresar nuestra potencia reivindicativa. Íbamos desde la lucha social, nos juntábamos en comedores, en movimientos, nuestra experiencia concreta partió desde lo social, muy enraizada desde lo social porque parecía que lo político estaba obturado, estaba clausurado como posibilidad de expresar toda nuestra agenda política, toda nuestra agenda reivindicativa, nuestra agenda de intereses. Si la política estaba clausurada de alguna manera nosotros fuimos desde lo social construyendo y tensando los músculos de nuestras organizaciones.
Tercer elemento que me parece muy importante y acá seguramente esto generará debate y por eso lo planteamos. Nuestra experiencia con el peronismo real y existente desde mediados de los 80 hasta el 2001-2003 era una relación conflictiva ¿por qué? Porque el peronismo y fundamentalmente el justicialismo había sido la identidad política y la herramienta de gobernabilidad que permitió consolidar en los 90 el modelo neoliberal. Esa es la experiencia de relación que nosotros tenemos y los mejores compañeros del peronismo se tuvieron que ir o tuvieron que ponerse en lugares muy subordinados, o tuvieron que resistir la avalancha neoliberal que impregnaba su identidad e impregnaban su estructura partidaria y política. Nosotros tenemos una relación de conflictividad con esa experiencia los que no venimos de la experiencia, y los que si vienen también vieron, entendieron, percibieron que las ideas hegemónicas de esa corriente política se habían vertido y habían significado la posibilidad en muchísimos años de los sectores dominantes de este país de meter un proyecto antipopular en democracia. Consolidar y lograr la hegemonía de un proyecto antipopular en democracia.
Ese es otro punto que nos deja nuestra experiencia, nuestra herencia como militantes.
Y el último punto tiene que ver con que si uno comparte conmigo esto de que la valorización financiera achicó a la clase trabajadora, la descentró, la atomizó de alguna manera, nosotros somos hijos de la fragmentación como actores sociales y políticos, somos hijos de la pérdida de centralidad de esa clase trabajadora que siempre había sido el sujeto concentrado de la actividad social y política en Argentina.
De hecho, muchos de nuestros movimientos nacen de alguna manera de recoger esa falta de centralidad y si quieren, esa derrota de la clase trabajadora durante el período neoliberal.
Nosotros nos convertimos en movimientos de des-ocupados para nombrar una experiencia, pero hay muchas experiencias distintas que hablan de que nosotros somos hijos de la diversidad que parió de la falta de centralidad de un actor concentrado como la clase trabajadora.
Somos hijos de la diversidad, pero también somos hijos de esa fragmentación que fue la volatilización de los sujetos colectivos más grandes de la historia argentina en colectivos distintos que expresaban luchas reivindicativas mucho más concretas y desde lugares mucho más particulares.
Entonces, para cerrar, si uno agarra el mapa este que yo acabo de describir someramente, y dice nosotros somos militantes paridos en la resistencia, somos militantes que teníamos al Estado como enemigos, somos militantes que desconfiábamos de la política, somos militantes que veíamos la identidad justicialista como una herramienta de las clases dominantes y somos militantes fruto de la diversidad y la fragmentación, ese es nuestro mapa de ruta, la pregunta concreta que yo les hago para reflexionar en conjunto, y que nos hacemos es si esos mapas traspasados a las necesidades que tenemos hoy nos van a orientar hacia el lugar que queremos ir.
Nosotros pensamos, y hemos reflexionado con muchos compañeros, que nosotros tenemos muchas necesidades como campo popular organizado, y que las necesidades parten de cambiar ese mapa que nos trajo hasta acá pero que ahora se nos hace inservible porque las condiciones ya no son de resistencia sino son la de disputa de un proyecto de país. Desde la resistencia cuando es necesario, pero también desde otros lugares. Los mapas que nos trajeron acá no nos sirven más, tenemos que revisarlos y tenemos que actualizarlos.
Hoy, para todos aquellos militantes y colectivos que nos criamos con el Estado como enemigo necesitamos imperiosamente discutir el Estado, disputar el Estado y disputar el sentido, la práctica, la elaboración y la concreción de las políticas públicas porque ahí se juega el esqueleto del proyecto de país que vamos a tener para los próximos 20 años, entonces hay que sacarse la camiseta de ser antiestatales y hay que ponerse la camiseta de ir a la disputa con mucha convicción de todas las herramientas del Estado para plantear un proyecto de país distinto al que vivimos.
Si nosotros y con razón descreíamos de la política y de los políticos en los 90, hoy nos tenemos que convertir en actores políticos, hoy no alcanza con ser colectivos sociales porque la disputa por el proyecto de país se dirime en la política y se dirime en las urnas. Ese es el terreno de disputa que tenemos en el cual las clases dominantes nos plantean discutir nuestro proyecto de país.
Los colectivos sociales que expresan la riqueza, que expresan lo mejor que hemos construido en estos años de resistencia, tienen la obligación de transformarse aceleradamente en herramientas que contengan la política, que contengan miradas electorales y que contengan nuevas estrategias de intervención en los proyectos políticos. Ya no nos alcanza ir al municipio para disputar una salita de salud, ahora necesitamos concejales, necesitamos funcionarios, necesitamos compañeros y compañeras que hagan eso desde el Estado, hay condiciones para dar esa disputa.
TENEMOS QUE SALIR A DAR LA DISPUTA
Otro elemento fundamental: nosotros nos acostumbramos a militar con el sentido adverso de la sociedad apuntándonos, nos acostumbramos a militar defendiendo ideas que parecían de la minoría, nos acostumbramos a la militancia social y política marcando con nuestro cuero lo mejor de las tradiciones populares que habían parecido perderse en el olvido, la solidaridad, la justicia social, la entrega por el otro, todo eso en los 90 parecía haberse diluido ¿por qué? Porque el sálvese quien pueda era la ideología de la época.
Hoy tenemos que salir a la disputa por el sentido social de la sociedad argentina, por el sentido común de la sociedad argentina que está en disputa entre los viejos valores de los 90 y los valores que nosotros recogemos de nuestra experiencia histórica y plasmamos en nuestra experiencia concreta. No nos alcanza con hablarnos a nosotros mismos, no nos alcanza con ver lo bien que laburamos para adentro, hay amplias franjas de la sociedad argentina que están en disputa y las clases dominantes tienen muchísimas herramientas para dar esa disputa mucho más acabadamente que nosotros.
Yo les sintetizo lo que para mi es la disputa. La disputa es si nuestros pibes, nuestros guachos, se van a querer parecer a Ricardo Fort o a los compañeros que se levantan a las 5 de la mañana para limpiar arroyos en el Gran Buenos Aires. Esa es la disputa de valores que nosotros tenemos que dar aquí y ahora. Es una disputa por el sentido común de la sociedad argentina, es una disputa por cual va a ser el imaginario colectivo y la identidad colectiva en los próximos 20 años. ¿Y saben qué? Malas noticias, o buenas, ustedes son los actores de esa disputa o eso no se resuelve. La militancia organizada y comprometida es el actor fundamental y clave de esa disputa.
Último elemento. Nosotros estamos chochos con nuestras organizaciones ¿o no? queremos a nuestras organizaciones, las hemos construido con nuestro esfuerzo, son parte de nosotros mismos. Ahora bien, si uno esta de acuerdo que somos hijos de la fragmentación, somos hijos de la diversidad y que la diversidad explica la no centralidad de un actor un actor fundamental para un proyecto político de país, yo propongo que pensemos si no tenemos que revisar la relación entre diversidad y unidad política porque, como dijo alguien por ahí, cuando la diversidad garantiza la fragmentación nos impide actuar políticamente. Nosotros estamos en momentos de disputa fuertísima por el proyecto de país. Las clases dominantes nos plantean esto en todos los terrenos, en la disputa por el sentido común y también nos lo plantea en el terreno de la unidad política. Ellos construyen herramientas que tratan de mover el piso coordinadamente aunque después no tengan candidato pero para esmerilar los logros de este gobierno se juntan todos, desde actores que querríamos que estén con nosotros a la derecha más rancia y recalcitrante. Todos se juntan para tratar de desmontar lo que hemos construido desde el 2003. Nosotros tenemos la obligación de revisar nuestras prácticas en el sentido de que nuestra identidad que tanto queremos, la camiseta que tanto queremos de nuestra organización, no puede ir en detrimento en esta etapa de la unidad política necesaria del pueblo argentino.
Si nosotros no construimos unidad política a partir de las herramientas que hoy tenemos las clases dominantes van a encontrar la brecha para desandar este proceso. No nos alcanza hoy con un cúmulo de hermosas y valiosas organizaciones populares, hoy es la etapa de pasar de la fragmentación y la diversidad a la unidad de acción, a la agenda común, a los cinco puntos que definan el proyecto de país que vamos a defender como hoy se está defendiendo en Ecuador el proyecto de país.
UN DESAFÍO Y UNA OBLIGACIÓN
Tenemos un desafío y una obligación. El sujeto de este proceso apareció en el Bicentenario ¿se acuerdan? millones de compatriotas, millones de hombres y mujeres que se sintieron nuevamente orgullosos de ser parte de esta Patria que estamos construyendo. Esos millones de personas todavía no encontraron las herramientas organizativas y las herramientas de expresión para convertirse en voluntad mayoritaria.
Nosotros tenemos que ser los puentes para esas herramientas organizativas, para esas herramientas de expresión política que ese sujeto del bicentenario que amaneció el 25 de mayo del 2010 pueda expresarse y pueda ser el elemento fundamental que nos permita a nosotros dar la batalla por el proyecto de país.
Hay un gran patriota ecuatoriano que se llama Eloy Alfaro, uno de los próceres y caudillos de las guerras civiles por ampliar los márgenes democráticos de la vida del pueblo ecuatoriano, que dejó una frase que a mi me gustaría cerrar y con ella sintetizar toda esta larga perorata que desarrollamos en este tiempo. El viejo Eloy Alfaro decía “Cuando el pueblo despierta cada palabra es una esperanza y cada paso es un paso a la victoria”. Muchas Gracias compañeras y compañeros.
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